Tuesday, December 10, 2013



EL ZOOLÓGICO (ORWELL REVISITED)

Al final de su vida, cuando agonizaba ante la mirada de unos turistas australianos que le lanzaban cacahuetes, el gorila Potito hizo prometer a sus compañeros de celda que llevarían a cabo una difusión de su obra entre todos los presos del zoológico, sin excepción alguna de edad, sexo o especie. El manuscrito fue pasando de los monos a los elefantes, de los elefantes a los osos, de los osos a los tigres, y así hasta que todos los animales del zoológico, hasta los considerados inferiores como las nutrias y ciertos pájaros, leyeron el libro y asumieron su contenido.
         
El día cuatro de octubre, todos, de una manera o de otra en función de sus diferentes naturalezas, huyeron de aquel lugar. La mayoría se perdió en las sierras. Los menos se aprestaron a ser recogidos por alguna protectora y se resignaron a vivir una vida subvencionada por el Estado. Unos pocos salieron de la ciudad, consiguieron cruzar la autovía y llegaron hasta un circo que estaba apuntalado al otro lado, justo detrás del Pryca.  


Chillando insanamente, los pájaros se reventaron desnortados contra la lona del circo, haciendo un ruido sordo que hizo callar a un triste payaso. Las fieras entraron sibilinas, conscientes de que nunca eran invitadas. Los monos, en los ojos de las púberes, supieron ver la semejanza de la carne.

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