POETAS A LA HOGUERA
Ordené ejucutar al poeta que vivía dentro de mí,
y lo hice ayer por la tarde,
cuando atardecía.
Ordené que lo echaran en un fosa común, sin letras que valgan;
que fuera carnaza para los perros de corralón.
Ordené que sus restos,
pulverizados,
fuesen remitidos a los cuatro puntos cardinales del Ultra Imperio.
Ordené ejecutar al poeta que vivía dentro de mí
y lo hice ayer por la tarde,
cuando atardecía.

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